Reinventarse a los setenta: curso de alfabetización digital apoya la inserción laboral de una pareja de adultos mayores en Chile

Cuando hace ya 35 años, Naxis (71) y Gabriel (72) tomaron el mismo autobús para regresar a sus casas, ninguno de los dos se imaginó que ahí, en ese mismo momento, comenzarían a escribir una historia de vida juntos. Él venía de terminar sus clases en la Universidad de Carabobo y ella venía de Caracas, la gran capital de Venezuela, pero algo sucedió en ese autobús que los llevó a intercambiar palabras y no volver a separarse más. Desde entonces, construyeron una vida juntos, con altos y bajos y muchos giros inesperados. Uno de ellos, de los más importantes, fue tener que comenzar una nueva vida en Chile, desde cero, a los casi setenta años.

“Ya en Venezuela la situación estaba muy difícil, no podíamos comprar las cosas como antes, ya todo ha cambiado. Era una Venezuela diferente, aunque estábamos allá éramos como forasteros. No nos sentíamos bien con esa Venezuela con la que estábamos viviendo”, cuenta Naxis. “Otra cosa que no pensé jamás es que en mi vejez iba a estar fuera de mi país, porque siempre me proyecté viviendo allá y siempre viví para mi jubilación. Digamos que la jubilación era para nosotros algo importante, estar tranquilos, pero después hubo que empezar de nuevo”, agrega.

Una vez en Chile, Naxis y Gabriel vivieron un tiempo junto a una de sus hijas que ya se encontraba en el país, sin embargo, hace seis meses, lograron independizarse y ahora están instalados en un pequeño pero cálido departamento ubicado en la ciudad de Santiago. En la cocina de esta pareja, abundan los frutos secos y huevos de campo, todos productos naturales que venden a través de Whatsapp y redes sociales. “Yo la verdad ni siquiera pensé en trabajar, ya que mi edad no me ayuda, tengo 72 años. Entonces yo sólo quería estar con mis hijas, pero ahora que ya estoy acá tengo que evolucionar. No quería depender de mi familia y yo siempre digo: soy un adulto mayor, pero quiero ser un adulto mejor”; dice Gabriel, quien es Ingeniero Industrial de profesión y en Venezuela trabajaba junto a su esposa en la fabricación y venta de filtros para aire acondicionado.

Su negocio “chileno”, al que bautizaron “Pradera”, ha ido creciendo exponencialmente a través de los meses y, fundamentalmente, está funcionando gracias al Internet. A través del teléfono celular han podido  establecer conexiones con sus potenciales clientes y verificar instantáneamente los pagos con transferencia electrónica. “Teníamos muy poco conocimiento en tecnología”, afirma Gabriel. “Sinceramente cuando yo me gradué en la Universidad, la computación prácticamente no estaba desarrollada, era una computación, pero muy elemental. Había un computador enorme, como el porte de esta sala, y otros programas que ya quedaron obsoletos. Pero ahora un teléfono pequeñito es una computadora, es una tremenda tecnología que uno tiene en la mano, una herramienta que hay que usarla. No podíamos quedarnos atrás”.

Fue así como, en miras a fortalecer su negocio, decidieron participar en el curso de fortalecimiento de habilidades digitales, iniciativa conjunta de ACNUR, Agencia de la ONU para los Refugiados y la Fundación Emplea del Hogar de Cristo. El propósito de esta iniciativa fue favorecer la inclusión social y económica de personas refugiadas y migrantes a través de la alfabetización digital y el desarrollo de competencias, habilidades y destrezas en el uso y manejo de TICs para mejorar y acrecentar el acceso a bienes y servicios. Para Gabriel, esa oportunidad realmente les cayó como anillo al dedo “Nos dio la posibilidad de aprender a hacer una presentación de Powerpoint, cómo hacer una tabla de gastos, cómo hacer una factura, cómo trabajar a través de Excel, podemos crear una big data, podemos hacer un análisis completo de una empresa, podemos hacer tantas cosas”.  Los aprendizajes obtenidos, sumados al gran ímpetu de la pareja por superarse y hacer crecer su negocio, les han llevado a incrementar sus ventas mes a mes: “Si seguimos así, dentro de un año esperamos duplicar las cantidades que estamos facturando ahora”, dice Gabriel entusiasmado.

Respecto de sus sueños y metas a futuro, tanto Naxis como Gabriel sueltan a la par una risa cómplice: “el nieto”, dicen ambos. También desean ver consolidado su emprendimiento que aún está recién partiendo, sin embargo, aseguran, que no tienen intención de abrir una tienda física: “un local físico es una trampa de doble filo porque te puede llevar a perder la mitad de tus ganancias. El comercio a futuro será a través de la tecnología, incluso ahora mismo se puede comprar de todo por Internet”, dice Naxis. “A pesar de la edad, no debemos dejar que el tren nos deje, tenemos que montarnos en él y el tren, ahora, es la digitalización”, concluye.

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